Chimamanda Ngozi Adichie es una novelista, ensayista, columnista y escritora de cuentos nigeriana cuyo trabajo se centra en el feminismo y la posibilidad de descolonizar la experiencia.

Sus publicaciones se han traducido a más de treinta idiomas. Es autora de las novelas Hibisco Morado, que ganó el Premio de los Escritores de la Commonwealth y el Premio Hurston / Wright Legacy; La mitad de un sol amarillo, que ganó el Premio Orange y fue finalista del National Book Critics Circle Award y New York Times Notable Book; y Americanah, que ganó el Premio National Book Critics Circle y fue nombrado uno de los diez mejores libros del 2013 por el New York Times. 

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Durante los últimos años, Chimamanda ha dado conferencias alrededor del mundo. Su TED Talk de 2009, El peligro de una sola historia, es ahora una de las conversaciones más vistas de todos los tiempos. Su charla de 2012, Todos deberíamos ser feministas, inició una conversación mundial sobre el feminismo y se publicó como libro en 2014.

Su libro más reciente, Querida Ijeawele: Cómo educar en el feminismo, se publicó en marzo de 2017.

Con motivo de la publicación Mujeres: Colección de imágenes de The National Geographic, la revista le realizó una entrevista en la que Chimamanda habla sobre la importancia de tener más mujeres en puestos de toma de decisiones, de no pedir disculpas, de trabar en la construcción de la individualidad; así como de abrazar la complejidad y la dificultad.

“El mundo no es simple, así que si estás familiarizado con cosas que no son simples, es más probable que trates con el mundo de una manera constructiva.”

National Geographic: ¿Cuál crees que es el desafío más importante que enfrentan las mujeres hoy en día?

Chimamanda Ngozi Adichie: Es realmente difícil reducirlo a solo uno. Diría la autonomía de las mujeres sobre sus cuerpos, y con esto me refiero a una amplia gama de cosas. No solo los derechos reproductivos, sino también el flagelo de la violencia doméstica y la falta de protección legal adecuada para las mujeres en todo el mundo.

¿Qué crees que es lo más importante que debe cambiar para las mujeres en los próximos años?

Necesitamos tener más mujeres en puestos de toma de decisiones, política, económica, en todos los sentidos. Una mayor representación de las mujeres dará como resultado decisiones más diversas, decisiones que incorporen las experiencias de las mujeres. No creo que tener mujeres en puestos de poder signifique que el mundo será perfecto o que se erradicará el conflicto. Simplemente significa que las preocupaciones de la mitad de la población mundial finalmente serán el centro del escenario.

¿Cuál crees que es tu mayor fortaleza?

Creo que tal vez sea mi habilidad para lidiar con la complejidad. Me siento cómoda con el gris, no necesito que las cosas sean blancas o negras. Yo creo en los matices. Miro el mundo y sé que es complejo, y que las cosas no tienen que ser simples para ser entendidas. Y que no me incomoda que las cosas sean complejas y difíciles. Creo que parte de eso se debe a mi socialización como mujer.

¿Podrías decir más sobre eso?

A las mujeres se les educa para ser cuidadoras, para encontrar formas de resolver conflictos. Las mujeres se socializan para ser muchas cosas diferentes y, de alguna manera, pretender ser cosas diferentes para diferentes personas. Las mujeres se socializan para proteger los egos masculinos. Las mujeres se socializan para cuidar a los miembros de la familia. Las mujeres se socializan para tener un cierto tipo de inteligencia emocional. Realmente no creo que estas cosas sean innatas en las mujeres; creo que es por la forma en que las mujeres se socializan. 

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De alguna manera, esto es malo para las mujeres, ya que están socializadas para contenerse y no ser demasiado ambiciosas; sin embargo, creo que hay maneras en que es bueno, porque les enseña a ser capaces de lidiar con la complejidad y no ser mentalmente simples. El mundo no es simple, así que si estás familiarizado con cosas que no son simples, es más probable que trates con el mundo de una manera constructiva.

Cuando miras hacia atrás en tu vida, ¿Hay un momento que consideres decisivo?

Creo que fue cuando tenía nueve años, en tercer grado, y lo recuerdo muy claramente. Mi maestro había dicho que el alumno con los mejores resultados en el examen sería el prefecto de la clase. Así que obtuve el mejor resultado, y luego dijo: “Oh, se me olvidó mencionar que tiene que ser un niño”. Solo pensé: “¿Por qué?” Tendría sentido decir que el prefecto de la clase tiene que ser el niño con las mejores calificaciones o el niño con algún tipo de habilidad útil. Pero la idea de que esta posición de prestigio y poder en el aula estaba reservada para alguien por un accidente de haber nacido un sexo en particular, eso era simplemente extraño. Entonces mi sentido de justa indignación se encendió y le dije a mi maestro: “Eso no tiene sentido”.

¿Y que pasó?

Bueno, el niño continúo siendo prefecto, y yo fui nombrada su asistente, lo cual no era necesariamente la solución que quería. Pero para mí fue realmente cristalizador: esa fue la primera vez que hablé sobre el sexismo. No funcionó, pero fue el momento para mí que creo que nunca olvidaré.

¿Cuáles crees que son los mayores obstáculos que has tenido que superar?

Creo que tal vez el miedo al fracaso; no quería intentarlo porque tenía miedo de fallar.

¿Te consideras feminista?

Sí, porque creo que el sexo no debería ser una razón para detener a las personas. Vivimos en un mundo que siempre ha frenado a las mujeres porque son mujeres, y creo firmemente que esto debe cambiar. Eso es lo que el feminismo significa para mí.

¿Qué consejo le darías a las mujeres jóvenes hoy?

No te disculpes. Nuevamente, volviendo a esa idea de socialización: creo que las mujeres se socializan para pedir disculpas solo por existir, de muchas maneras. Y tampoco, busques simpatía. A todos los humanos nos gusta gustarle a los demás, porque somos humanos, pero a las niñas se les educa para pensar que necesitan ser agradables siempre y eso hace que pretendan ser lo que no son. 

Buscar simpatía hace que las mujeres tiendan a disminuirse a si mismas. No puedes alcanzar tu potencial porque no te permites ser realmente tú misma. 

Les diría a las mujeres jóvenes, no lo hagas, porque no vale la pena. Las mujeres jóvenes deberían ser ellas mismas. Suena simplista, pero creo que es bastante difícil, teniendo en cuenta todos los mensajes que la sociedad da a las mujeres jóvenes.

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