El juicio político, dijo, “es el infierno”. Una medida de “último recurso”. Un mal hábito que hay que erradicar.

Con eso, Ken Starr, el hombre cuya investigación de años llevó a juicio político a Bill Clinton, el 42mo presidente de Estados Unidos, se paró ante los senadores el lunes y pronunció una argumentación de casi una hora contra la destitución de Donald Trump, el 45mo mandatario del país.

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Starr, en un guiño hacia su propia participación en el juicio político de Clinton y con un discurso grandilocuente sobre el “ADN constitucional de Estados Unidos“, alegó que es momento de poner fin a “la era del juicio político”.

Starr les habló a los senadores en tono moderado, con referencias a los Papeles del Pentágono, los crímenes de Richard Nixon, el escándalo Irán-Contras y, sí, el juicio de Clinton, en una presentación que a veces hacía evocar la imagen de un predicador elogiando las virtudes de la moderación y expresando angustia de que el juicio político se haya convertido en un arma.

“En esta coyuntura particular en la historia de Estados Unidos, el Senado está siendo convocado con demasiada frecuencia para que sea el máximo tribunal para los juicios políticos”, dijo Starr. “De hecho, estamos viviendo en la que creo puede ser descrita acertadamente como la era del juicio político… ¿Cómo llegamos aquí?”

Starr, fiscal general durante el gobierno del presidente George H.W. Bush, es más conocido por el tiempo en que era un abogado independiente que encabezó la investigación a Clinton, la cual comenzó siendo una averiguación sobre un acuerdo de tierras en Arkansas y evolucionó a un análisis de su relación sexual con la becaria de la Casa Blanca Mónica Lewinsky.

Basándose en un informe de 475 páginas de Starr en ocasiones explícito, la Cámara de Representantes de mayoría republicana le hizo un juicio político a Clinton y el Senado controlado por los demócratas lo absolvió.

Pasaron 100 años antes de que el Congreso volviera a sopesar seriamente enjuiciar políticamente a un presidente

En ese entonces, al magnate inmobiliario Trump no le agradaba el trabajo de Starr.

“Creo que Ken Starr es un lunático. Realmente creo que Ken Starr es un desastre”, declaró Trump durante una entrevista con el programa “Today” de NBC en esa época. Dijo que Starr era un “verdadero chiflado” y estaba “loco”.

El lunes, en su defensa a Trump, Starr parecía alegar que el juicio político es una reliquia constitucional que debería guardarse en un museo y usarse rara vez.

Starr argumentó que las acusaciones de los demócratas sobre la conducta indebida de Trump difícilmente están al nivel de los casos previos en que el Congreso ha sopesado seriamente destituir a un presidente.

El presidente Andrew Johnson fue sometido a un juicio político tras la Guerra Civil y el asesinato de Abraham Lincoln. La cámara baja decidió llevar a juicio político a Johnson por violar la Ley de Permanencia en el Cargo al echar a Edwin Stanton, el secretario de Guerra, del gabinete. La ley afirmaba que el presidente no podía despedir a funcionarios designados sin el consentimiento del Congreso.

Pasaron 100 años antes de que el Congreso volviera a sopesar seriamente enjuiciar políticamente a un presidente cuando actuó contra Nixon por el escándalo Watergate.

En ese caso, Starr hizo notar que la cámara baja votó de manera “poderosamente bipartidista” con 410 votos a favor y 4 en contra para autorizar una investigación de juicio político a Nixon. Fue acusado de involucrarse personalmente en el encubrimiento de un robo a la oficina del Comité Nacional Demócrata por parte de personas que trabajaban para su comité de reelección. Nixon renunció antes de ser enjuiciado.

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