Cualquier mujer entiende a la perfección las dificultades de usar ropa sin bolsillos: además de tener no tener un lugar cómodo para poner las manos estando de pie, tienes que tener el bolso siempre contigo por si necesitas algo o elegir salir sólo con lo elemental para llevarlo en las manos. Otras veces, los fabricantes nos conceden el privilegio de darnos bolsillos, pero generalmente son tan pequeños que apenas cabe un lápiz labial o unas monedas, que guardamos teniendo en mente que estarán en peligro inminente porque puede que con sólo agacharte éstos resbalen y se caigan.

Los hombres no tienen que padecer estas dificultades de la moda, por lo regular los bolsillos de su ropa son tan grandes que les cabe su celular, cartera, llaves y siguen teniendo espacio de sobra. Parecería que se trata de una simple casualidad, pero no es así. Esta peculiaridad esconde un significado político, es una de las tantas representaciones de la desigualdad de género.

Los bolsillos femeninos vs. los masculinos

La historia de los bolsillos en las prendas femeninas

Según el libro The Pocket: A Hidden History of Women’s Lives, 1660-1990 (El bolsillo: una historia oculta de la vida de las mujeres 1660-1990) durante la Edad Media, tanto hombres como mujeres cargaban con un pequeño saco atado con una cuerda a su cintura, allí guardaban las pertenencias que deseaban tener a la mano. En el siglo XVII esta tradición se transformó y esos sacos empezaron a ser cosidos a las prendas, en el caso de los hombres por fuera y en el de las mujeres, debajo de sus faldas, que cada vez se hacían más pomposas y dificultaban el acceso rápido a sus cosas.

A finales del s. XVII, el saco cosido a la ropa se fue dejando atrás y las mujeres empezaron a llevar pequeños bolsos de mano con ellas donde apenas cabían unas monedas y un pañuelo. A fin de cuentas, las mujeres no tenían independencia económica y quienes controlaban el dinero eran los hombres.

Fue hasta finales del siglo XIX y principios del XX que los movimientos por la liberación de las mujeres empezaron a promover la inclusión de bolsillos en las prendas. La organización Sociedad de Vestimenta Racional, fundada en 1881 en Londres, reclamaba que la moda fuera cómoda y conveniente para las mujeres y que se dejaran atrás las costumbres de utilizar corsés demasiado justos o ropa que no permitiera moverse libremente, sin dejar de lado la estética y el buen gusto.

En 1910 las sufragistas —mujeres que formaban parte del movimiento que reivindicaba el derecho al voto— comenzaron a utilizar trajes con ni más ni menos que seis bolsillos. La prenda comenzó a popularizarse y unos años después, con el desarrollo de las Guerras Mundiales, las mujeres empezaron a utilizar vestimenta cada vez más cómoda y así, finalmente, los bolsillos en su ropa se volvieron la norma.

Ahora los bolsillos son muy comunes en las prendas femeninas, sobretodo en pantalones; sin embargo, estos siguen siendo de un tamaño muy reducido en comparación a los de los hombres, concretamente un 48% más cortos y 6.5% más estrechos, según un estudio del sitio Pudding.

Así que la próxima vez que uses una prenda con bolsillos grandes y cómodos, ten en mente que es gracias a mujeres que lucharon por ese derecho.

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