Foto tomada el 2 de octubre del 2019 del entonces inspector general del Departamento de Estado, Steve Linick, en Washington. Imagen, AP.

El presidente Donald Trump se ha abocado a una campaña de destituciones de funcionarios supervisores de la gestión pública que según críticos parece inusitadamente agria y vengativa.

Un ejemplo fue Steve Linick, inspector general del Departamento de Estado que fue súbitamente despedido por Trump en momentos en que Linick investigaba denuncias de irregularidades por parte del secretario de Estado, Mike Pompeo.

Las medidas del mandatario, en momentos en que el país se encuentra sumido en una profunda crisis a raíz de una ola de protestas y la pandemia del coronavirus, viola el tácito e histórico entendimiento entre ambas tendencias políticas de respetar a los funcionarios que velan por las buenas prácticas en las agencias del gobierno. Además, ha estremecido a la colectividad de inspectores que históricamente incomodan a los presidentes, aunque han sido tolerados.

“Hay una tensión entre el instinto de Trump de no tolerar crítica alguna y el rol del inspector general, que por ley debe llevar a cabo auditorías e investigaciones independientes”, estimó Michael Bromwich, quien fue antes inspector general del Departamento de Justicia.

Las destituciones orquestadas por Trump, con escasa explicación han llevado al Congreso a exigir respuestas, y una comisión de la Cámara de Representantes interpelará el miércoles a Linick. Lo que alarma más, las destituciones han llevado a promociones de funcionarios con escasas calificaciones o aparentes conflictos de interés.

Trump ha dejado en claro que algunas de las decisiones fueron por razones personales.

El mandatario admitió que despidió al inspector general de las agencias de inteligencia, Michael Atkinson, en abril por alertar al Congreso sobre la denuncia que llevó al proceso de juicio político contra el mandatario. En un arranque de furia, Trump acusó a Atkinson de no serle fiel y de ser parte de un “Estado Profundo” que se opone a su gobierno, según tres funcionarios actuales o pasados de la administración. Trump deseaba destituir a Atkinson semanas antes, pero fue disuadido por sus asesores, indicaron las fuentes.

Tras destituir a Linick el mes pasado, Trump lo calificó como designado de Obama y admitió que lo despidió a pedido de Pompeo, quien negó que haya sido por represalia pero manifestó que hubiera deseado que ello hubiera ocurrido antes.

Por otra parte, Trump eligió a otra persona para reemplazar a Christi Grimm en el Departamento de Salud y Servicios Sociales después de que ella emitió un reporte que el gobernante abiertamente fustigó. Redujo el rango de Glenn Fine, inspector general del Departamento de Defensa que estaba supervisado el desembolso de 2 billones de dólares en asistencia pública para amortiguar los daños causados por el coronavirus. También han surgido dudas sobre la destitución del inspector general del Departamento de Transporte, en medio de sospechas de que fue también por motivos políticos.

Todos los presidentes se han irritado por las inspectorías generales, cargo creado tras el escándalo de Watergate para combatir el despilfarro, el fraude y la corrupción.

Hay más de 70 inspectorías generales en el gobierno, y tienen amplios recursos y mucho personal para investigar despilfarro, mala administración de recursos y otros problemas —como por ejemplo las interrogaciones de detenidos por parte de la CIA— que terminan en los titulares de los periódicos.

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