Casa Xochiquetzal es un albergue para trabajadoras sexuales retiradas o semijubiladas de la Cuidad de México. 

De acuerdo con información de The New York Times, Casa Xochiquetzal se inauguró en 2006, luego de que Carmen Muñoz, sintió la necesidad de luchar por mejorar las condiciones de vida de las trabajadoras sexuales de edad avanzada.

La mayoría de las sexoservidoras de edad avanzada de la Cuidad de México viven en condiciones precarias, durmiendo en camas improvisadas hechas de cartón en la zona de La Merced, un barrio rojo en el centro de la ciudad.

Para crear Casa Xochiquetzal, Muñoz recibió apoyo de un colectivo feminista mexicano, así como donaciones privadas y públicas, y recibió un edificio de parte del gobierno de Ciudad de México.

En entrevista con The New York Times, Jésica Vargas González, la directora del alberguedijo que: “Es un hecho recurrente que familiares, hasta los hijos, las abandonan, e incluso las lastiman, cuando descubren que son trabajadoras sexuales”, declaró. “Todavía es una profesión muy estigmatizada”, agregó. 

Casa Xochiquetzal fue creada para ayudar a las mujeres a vivir con dignidad

En entrevista con The New York Times, Jésica Vargas González, la directora del albergue dijo que: “Es un hecho recurrente que familiares, hasta los hijos, las abandonan, e incluso las lastiman, cuando descubren que son trabajadoras sexuales”, declaró. “Todavía es una profesión muy estigmatizada”, agregó. 

Todas las residentes son responsables de cocinar su propia comida y de limpiar sus habitaciones y las áreas comunes. También deben participar en dos talleres diarios de artes y cocina. Hay una sola televisión, en el patio, que pueden ver solo después de las 18:00horas.

Todas las drogas están prohibidas dentro de la casa y las residentes reciben tratamiento médico y psicológico. Casa Xochiquetzal suele albergar también, de manera temporal, a mujeres sin casa que fueron víctimas de violencia de género. 

Karla Romero Téllez, la psicóloga que trabaja como voluntaria en el albergue, dijo a The New York Times que: “Son mujeres que necesitan mucho amor, que se sienten muy solas”, y agregó:  “Pero son muy fuertes. Son sobrevivientes. Eso es lo que las define”.

La gran mayoría de las mujeres del albergue han sido víctimas de violencia y abuso

En entrevista con The New York Times, María Norma Ruiz Sánchez, una de las residentes de 65 años, relató que fue violada por primera vez a los 9 años cuando iba de regreso a su casa de la escuela en en Jalisco, México.

A los 14 años huyó de su casa para evadir los abusos de su hermano. Un camionero la llevó hasta San Francisco; sin embargo, volvió a México poco tiempo después. A los 16, tuvo al primero de sus cuatro hijos. Trabajó en el campo, fue dueña de un cabaret, en algún momento fue luchadora profesional, e intentó suicidarse en cuatro ocasiones antes de llegar a Casa Xochiquetzal. 

A veces, Sánchez todavía va a su “oficina”, como le llama; es un parque en la estación del metro Hidalgo donde se mezclan los clientes nuevos con las memorias viejas. “Estoy muy cansada, me duele todo”, dijo. “Hago bromas sobre mi vida para llevar el día a día, pero mi tristeza no tiene fin”.

Otra de las habitantes, Marbella Aguilar, guarda su colección de libros en su habitación. 

“Me encanta leer y escribir”, dijo Aguilar, de 61 años. “Poesía, prosa, lo que sea. No puedo dormirme sin que estén mis libros aquí al lado”. Entre sus favoritos menciona “Los miserables”, “Lolita” y las obras de Pablo Neruda, así como de de Tolstoi.

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