En esta fotografía del 14 de abril de 2020, la doctora Sonia Angell, directora del Departamento de Salud Pública de California, explica las labores del estado para controlar al coronavirus durante una conferencia de prensa en Rancho Cordova, California. La gráfica dice: “Labores para aplanar la curva”. Imagen,AP.

Vilipendiados, amenazados con represalias violentas y en algunos casos sufriendo agotamiento, docenas de funcionarios de salud pública estatales y locales en todo Estados Unidos han renunciado o han sido despedidos durante la pandemia de coronavirus, un testimonio de lo políticamente delicados que se han vuelto las mascarillas, los confinamientos y los datos de infecciones. 

Una de las salidas más recientes ocurrió el domingo, cuando la directora de salud pública de California, la doctora Sonia Angell, renunció sin dar una explicación luego de un problema técnico que causó una demora en el reporte de resultados de las pruebas para detectar el virus, información que se utiliza en la toma de decisiones sobre la reapertura de negocios y escuelas. 

La semana pasada, la comisionada de salud de la ciudad de Nueva York fue reemplazada luego de meses de fricciones con el Departamento de Policía y el Ayuntamiento. 

Una revisión del servicio noticioso Kaiser Health News (KHN) y de The Associated Press encontró que por lo menos 49 funcionarios de salud pública estatales y locales han renunciado, se han retirado o han sido despedidos desde abril en 23 estados. La lista ha aumentado en más de 20 personas desde que la AP y el KHN comenzaron a llevar un registro en junio. 

La salida de ese personal está empeorando una situación ya de por sí mala, justo cuando Estados Unidos necesita un buen liderazgo de salud pública, comentó Lori Tremmel Freeman, directora general de la Asociación Nacional de Funcionarios de Salud de Ciudades y Condados. 

“Nos estamos moviendo a una velocidad vertiginosa para frenar una pandemia, y no puedes darte el lujo de presionar el botón de pausa y decir: ‘Vamos a cambiar el liderazgo por aquí y regresaremos con ustedes luego de que contratemos a alguien’”, señaló Freeman. 

Hasta el lunes, Estados Unidos tenía más de 5 millones de casos confirmados de coronavirus, con unas 163.000 muertes —las cifras más altas del mundo_, de acuerdo con el conteo de la Universidad Johns Hopkins.

Muchos de los despidos y renuncias tienen que ver con conflictos en torno a órdenes sobre el uso de mascarillas o cierres por las medidas de distanciamiento social, comentó Freeman. Muchos políticos y estadounidenses comunes han argumentado que dichas medidas son innecesarias, contrario a la evidencia científica y las recomendaciones de los expertos médicos.

“No es una división por cuestiones de salud; es una división política”, destacó Freeman. 

Algunos funcionarios de salud señalaron que dejaban el cargo por cuestiones familiares, mientras que otros abandonaron el puesto para irse a otras agencias, como a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Algunos fueron despedidos por lo que sus superiores dijeron había sido un mal liderazgo o porque no cumplían con sus labores. 

Otros se han quejado de que estaban sobrecargados de trabajo, mal pagados, no eran valorados o habían sido colocados repentinamente dentro de un ambiente de mucha presión.

Funcionarios de salud pública, desde el doctor Anthony Fauci —el experto en enfermedades infecciosas del país— hasta funcionarios de pequeñas comunidades, han reportado amenazas de muerte e intimidación.

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