El segundo y último cara a cara entre el presidenten Donald Trump y su contendiente a la presidencia Joe Biden resultó ser realmente un debate, un breve intervalo de normalidad en un año totalmente atípico y un respiro para los votantes desanimados por el tóxico primer enfrentamiento entre los dos líderes.

El presidente Donald Trump defendió el jueves la práctica de su gobierno de separar a niños migrantes que siguen lejos de sus familiares luego de ser detenidos en la frontera entre México y Estados Unidos.

Durante el debate presidencial con su rival demócrata Joe Biden, Trump dijo que por lo general los niños que cruzan la frontera no van acompañados de sus familiares, sino “por coyotes y muchas malas personas”.

La Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU por sus iniciales en inglés) le dijo esta semana a un juez que aún hay 545 menores separados de sus padres desde 2018.

Trump dijo que su gobierno ha construido más de 640 kilómetros (400 millas) del muro fronterizo que prometió. Y agregó: “Ellos construyeron jaulas”, refiriéndose a las instalaciones de la era del presidente Barack Obama que fueron mostradas durante los reportes de prensa de las separaciones.

Biden refutó la respuesta de Trump, diciendo que los niños “fueron arrebatados de” sus familiares en 2018.

Tal como lo ha hecho desde las primarias, Biden defendió la política migratoria del gobierno de Obama, admitiendo que “tomó demasiado tiempo hacer que funcionara bien”.

Trump busca dañar a Biden a través del hijo del exvicepresidente Hunter

En los últimos días, la campaña de Trump dijo que tenía previsto hacer de las acusaciones contra Hunter Biden el centro de su llamada al voto final. En las horas previas al debate, la campaña orquestó una aparición en los medios de un hombre que dice ser uno de los socios del hijo del candidato demócrata — un intento de crear el tipo de drama televisivo que le funcionó a Trump en 2016 contra Hillary Clinton.

Pero Biden no es Clinton, una candidata que a muchos les despertaba un rechazo que rivalizaba con el de Trump, y los esfuerzos de la campaña del presidente para presentarlo como un político corrupto y ávido de dinero no parecen tener repercusión más allá de la base de Trump.

En todo caso, los intentos de Trump por presentar sus acusaciones ante una audiencia más amplia durante el debate solo parecieron ir en su contra en algunos momentos. Tras afirmar sin pruebas que Biden ha recibido dinero de gobiernos extranjeros, el exvicepresidente destacó que sus finanzas están detalladas en los más de 20 años de registros fiscales que ha hecho públicos. Trump se ha negado a revelar sus declaraciones de impuestos, insistiendo en que no puede hacerlo mientras está siendo auditado por el Servicio de Impuestos Internos.

Para algunos republicanos frustrados, los intercambios sobre Hunter Biden fueron un excelente ejemplo de lo que ha puesto a Trump en peligro de perder en noviembre: una campaña que todavía parece estar buscando un mensaje claro y un enfoque para enfrentarse al aspirante demócrata a apenas unos días de los comicios.

“Tirarlo todo contra la pared para ver qué se pega era una buena estrategia hace seis meses, pero lo siguen haciendo a 12 días de las elecciones y con 40 millones de votos ya presentados”, dijo Erick Erickson, un escritor conservador.

El número real de boletas ya emitidos es incluso mayor: cuando Trump y Biden subieron al escenario del debate, más de 47 millones de electores ya habían enviado su voto.

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