El Día de Muertos o Fiesta de Todos Santos y Fieles Difuntos es una celebración que fusiona tradiciones indígenas y católicas.

El culto a la muerte era un elemento central en la cultura prehispánica, cuya celebración se centra en el retorno temporal de familiares y seres queridos a la tierra de los vivos.

Para guiarlos en el regreso al mundo, los familiares prenden incienso, velas y preparan platillos favoritos del difundo para colocarlos en una ofrenda o en una tumba donde descansan sus restos. Asimismo, esta ofrenda tiene objetos artesanales de las culturas prehispánicas, así como papel picado.

En los rituales mortuorios de la civilización precolombina, las personas envolvían a sus difuntos en un petate y se le organizaba una fiesta para guiarlo en su camino al Mictlán, el inframundo en la cosmovisión nahua, donde el difunto finalmente se volvía uno con el todo.

La Fiesta del Día de los Muertos se encuentra en armonía con los rituales católicos. Los antiguos pueblos prehispánicos trasladaron la veneración a los muertos al calendario cristiano al colocarla en el final del ciclo agrícola del maíz.

Así, la celebración se lleva a cabo el 1 y 2 de noviembre, cuyos días corresponden al calendario católico con el día de Todos los Santos (1 de noviembre) y al de los Fieles Difuntos (2 de noviembre).

El 7 de noviembre del 2003, la UNESCO proclamó la celebración como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad“.

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