“Los muertos nadaban encima del perrillo cuando pasaban un río del infierno”, escribió fray Bernardino de Sahagún sobre el pensamiento indígena sobre el tránsito de las ánimas al inframundo, destacando la figura del perro xoloitzcuintle.

Esta raza de perros ha estado presente durante siglos en la cultura mexicana, cuyo principal motivo de reconocimiento es su papel en la concepción prehispánica de la muerte.

La importancia del xoloitzcuintle era tanta que sólo por medio de él el difunto podía llegar al último estadio de su existencia en el cosmos, ya que sólo por el can podía llegar hasta el último nivel del inframundo, el Mictlán, donde finalmente reposaría su espíritu.

El viaje por los nueve niveles del inframundo tenía una duración de cuatro años, por lo que se llevaban a cabo varios rituales con el cuerpo. Uno de éstos era llevar un perro y un hilo de algodón. Cuando ya estaban todos los preparativos, sacrificaban al perro para incinerar a ambos.

El motivo por el cual se cree que se utilizaba a los perros en el ritual es variado. La antropóloga Mercedes de la Garza señala que “desde la época prehispánica hasta hoy, los mayas y los nahuas creen que los perros ven muy de noche a las almas que salen de los cuerpos cuando éstos duermen, por eso aúllan”.

Garza hace mención al Códice Laud, un manuscrito pictórico mexica de antes de la conquista, el cual revela más sobre el papel del perro xoloitzcuincle:

“Sobre el muerto vemos a su perro acompañante portando un rollo de papel, en tanto que el espíritu del muerto arroja un adorno de papel en un brasero, que está ante las gradas del tempo de Mictlantecuhtli. Se trata del momento en que el espíritu se presenta ante el dios de la muerte, para morir definitivamente; iba acompañado por el espíritu de su perro, por lo que tal vez éste también moría allí”.

El inframundo de la cosmovisión prehispánica consta de nueve niveles, y es aquí donde podemos ver con claridad la gran importancia del perro xoloitzcuintle, ya que el primer nivel es el Itzcuintlán, que significa “lugar en que habita el perro”. En ese paraje, los muertos deben cruzar el río Apanohuacalhuia, en cuya orilla vagaban los muertos que no eran dignos de cruzarlo por haber maltratado a un perro, porque para atravesarlo era necesaria la ayuda de un xoloitzcuintle.

Ve también:

Día de Muertos, tradición que supera las barreras del tiempo

Los elementos que no pueden faltar en tu ofrenda de Día de Muertos

Día de los Muertos: COVID-19 golpea a cultivadores de cempasúchil

- Advertisement -