Evan Kory empezó a llamar a mujeres del estado mexicano de Sonora que iban a casarse para preguntarles si querían que les enviase sus vestidos de novia desde su negocio en Arizona poco antes de que Estados Unidos cerrase su frontera con México y Canadá por el coronavirus.

Su negocio, que lleva el nombre de su familia, en la ciudad fronteriza de Nogales era popular entre las novias de lado mexicano de la frontera por su gran variedad de vestidos a buen precio, indicó Kory. La tienda, fundada por la familia de Kory hace medio siglo, se encuentra a pasos de un cerco fronterizo, pero está cerrada desde hace un año por el COVID-19 en vista de que sus principales clientes, los mexicanos, básicamente no pueden cruzar a Estados Unidos para hacer compras.

Unos 2.500 kilómetros (1.600 millas) al norte, en Oroville, otra ciudad fronteriza del estado de Washington, esta vez con Canadá, Roxie Pelton vive una situación parecida. El movimiento en su tienda de envíos y recepción de paquetes disminuyó un 82% respecto al año pasado porque la mayoría de los canadienses que usan sus servicios para recibir sus compras por internet del lado estadounidense de la frontera (para evitar los costos de envíos internacionales) no pueden cruzar la frontera para recoger los artículos.

El verano pasado, Pelton, de 72 años, tuvo que despedir a sus dos empleados y ahora maneja el negocio sola.

“Llegué hasta aquí. Ruego para que pueda resistir hasta que reabra la frontera”, dijo Pelton el mes pasado.

En las ciudades estadounidense de las fronteras con México y Estados Unidos abundan los pequeños comercios muy golpeados por los cierres parciales de las fronteras internacionales de Estados Unidos. Rigen desde el año pasado restricciones a los viajes no esenciales para contener la propagación del virus, las cuales se extienden todos los meses. Las únicas excepciones son el comercio, los camiones de carga y las cadenas de abastecimiento vitales.

Los pequeños comercios, los residentes y las cámaras de comercio locales dicen que el impacto financiero ha sido profundo, lo mismo que el impacto en la vida de comunidades cuyos residentes están acostumbrados a hacer compras, trabajar e incluso dormir en dos países distintos.

“Las comunidades fronterizas dependen de los cruces diarios de turistas”, declararon los presidentes de diez cámaras de comercio de ciudades fronterizas con México de Arizona, Texas y California en una carta enviada el mes pasado a los departamentos de Seguridad Nacional y de Transportes. Pidieron al gobierno que permitiese el ingreso de turistas con visas.

A medida que se vacuna más gente contra el COVID-19 y que las tasas de infección bajan, los comerciantes esperan que se levanten algunas restricciones.

La senadora republicana Susan Collins pidió al gobierno de Joe Biden el mes pasado que reconsiderase las restricciones en la frontera con Canadá, diciendo que habría que hacer “excepciones en base al sentido común” en ciudades con pocas infecciones y permitir visitas diarias que reactiven el comercio.

Sin embargo, el Departamento de Seguridad Nacional anunció que Estados Unidos, México y Canadá habían acordado extender las restricciones a todo viaje no esencial hasta el 21 de abril.

Mientras tanto, el representante demócrata Raúl Grijalva, de Arizona, presentó un proyecto de ley que daría a los pequeños negocios localizados hasta a 40 kilómetros (25 millas) de las fronteras préstamos de hasta 500.000 dólares o subvenciones por hasta 10.000 dólares.

“El tráfico fronterizo es lo que sostiene sus economías”, dijo Grijalva. “La gente que cruza caminando, que viene de compras”.

Se calcula que los visitantes provenientes de México contribuyen del 60% al 70% de los impuestos que cobran las comunidades fronterizas de Arizona, según la Comisión Arizona-México, que promueve el comercio y el turismo.

En Texas, las ciudades fronterizas han soportado tasas de desempleo más altas que las del promedio estatal durante la pandemia, aunque en algunos casos eso ya sucedía antes de la llegada del virus.

Jesús Cañas, economista de la Reserva Federal de Dallas, dijo que la economía de la frontera de Texas con México parece haber sobrevivido mejor de lo que algunos pronosticaron hace un año. En ciudades como Brownsville, Laredo y El Paso, las tasas de desempleo de 9,5%, 8,9% y 7,4% respectivamente se aproximan bastante al promedio del resto del estado, de 7,3%, lo que indicaría que en las ciudades grandes y con una actividad económica amplia las restricciones no tuvieron el mismo impacto que en localidades más pequeñas, muy dependientes del tráfico fronterizo.

“A lo largo de los años hemos notado que la frontera se adapta a estos golpes de formas muy peculiares”, dijo Cañas.

En Nogales, el desfasaje económico derivado del cierre parcial de la frontera durante 12 meses se ve claramente en el centro histórico.

Hay tiendas de ropa barata, casas de cambio, negocios de artículos de segunda mano y negocios de chucherías a corta distancia de la frontera que están cerrados. Muchas vidrieras están tapadas con maderas.

Olivia Ainza-Kramer, presidenta de la Cámara de Comercio de Nogales, dijo que la pérdida de ingresos de visitantes mexicanos se siente con más fuerza en los negocios pegados a la frontera, que tienden a ser de familias y dependen del tráfico de personas que pasan por allí.

A las tiendas grandes un poco más alejadas de la frontera las va mejor ya que reciben a residentes de esta ciudad de 20.000 habitantes, indicó.

Kory, el dueño del negocio de vestidos de boda, aprecia el contraste de primera mano. Su familia tiene tres tiendas en Nogales. Dos están a pasos del cruce fronterizo y ambas cerraron. La tercera está a seis kilómetros (4 millas) y permanece abierta, aunque la actividad mermó entre un 75% y un 80% desde que comenzó la pandemia. La mayoría de los clientes que recibe ahora son de Nogales.

“Mi familia ha visto la evolución de la frontera desde los años 40”, manifestó. “Esta es la primera vez que tuvimos que cerrar tiendas”.

Kory dijo que el negocio conserva solo cuatro de sus 27 empleados, pero espera que cuando se normalice la actividad, podrá volver a emplearlos a todos.

“Esa es la idea”, señaló. “Pero no podremos hacerlo mientras no se permite a nuestros clientes cruzar la frontera”.

- Advertisement -