Lucila Mariscal pensó en el suicidio tras cirugía fallida y se convirtió en parte de la estadística de famosas que han caído en manos de charlatanes de la belleza, pues tras operarse con fines estéticos, su piel comenzó a necrosar, iniciando así un verdadero calvario que casi la lleva al suicidio.

“Fue en 1998, lo tengo muy presente, yo me quería reducir el tamaño de los senos porque era 44 DDE y quería una reducción porque me cortaban los tirantes del brasier y a veces me sangraba del daño que me hacía”, cuenta.

“Cuando iba un restaurante o una cafetería cogía mis senos y los ponía sobre la mesa para descansar porque me dolía la espalda. Era todo lo que yo pretendía, pero aclaró que los charlatanes siempre tienen mucha labia para convencer, entonces me convenció ampliamente de que tenía que modificar algunas partes de mi cuerpo porque estaba yo gordita”. 

“Empecé a ver cómo se me estaba echando a perder todo por dentro, estaba putrefacto de alguna manera. Me tuvieron que hacer varias debridaciones porque el cuerpo se puso azul, se me estaba pudriendo por dentro, por el líquido que me inyectó el pseudo doctor, no me morí de milagro”, continúa.

“Me tuvo en el quirófano más de 10 horas anestesiada, me dieron varios microinfartos cerebrales, me dio anemia”, explica.

Para la actriz fue tan impactante ver cómo su cuerpo se deformó por esta mala práctica estética que en algún momento quiso atentar contra su propia vida: “Un día cogí una pistola y me la metí en la boca. Me vi tan mal. Me tuvieron que extirpar un pezón”. 

“Me detuvo una voz que no era no es natural, no fue algo de la Tierra que me gritó Lucila y yo volteo para dónde venía la voz y no la veo de tan fuerte que me lastimó los ojos y sacudí la cabeza y estaba parado mi secretario que era de Tlaxcala”. 

Lucila Mariscal pensó en el suicidio

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