miércoles, diciembre 8, 2021

Tokio fuera de guión: Triunfo, derrota y mucha improvisación

Cada cuatro años, cuando se celebra una justa olímpica, sus organizadores desembolsan miles de millones de dólares para asegurarse que todo esté planeado celosa y cuidadosamente, abriendo paso a que sólo un aspecto sea genuinamente impredecible: las actuaciones de los deportistas y, por extensión, el resultado de los eventos en que compiten.

Casi nunca funciona de esa manera, desde luego. Ya sea por dopaje o por incidentes diplomáticos, mala conducta o revuelta política, el evento pocas veces ocurre exactamente como tanto lo desea el Comité Olímpico Internacional. Pero incluso vistos bajo ese lente, los Juegos Olímpicos de la pandemia han sido los que más se han salido del guion.

“Esta no es una historia que encaje en nuestro deseo social de tener un contexto histórico completo cuando le damos refresh a nuestro celular”, dijo el comentarista deportivo Mike Tirico a una semana de iniciados los cuartos Juegos Olímpicos de Japón —dos de verano y dos de invierno.

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Biles, Osaka y Djokovic

La justa se aplazó un año entero por una pandemia devastadora, al grado que todavía se refieren a los juegos realizados en 2021 como los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, un guiño a los guiones poderosos que resisten los cambios. Hubo una ola de renuncias por todo tipo de razones, de corrupción financiera a hostigamiento o acoso sexual, que plagó al comité organizador.

Tres de los atletas más famosos del mundo, Simone Biles, Naomi Osaka y Novak Djokovic, no hicieron nada cercano a lo que se esperaba de ellos en Tokio, y la productiva conversación que se desató sobre la salud mental y emocional, así como el autocuidado marcó el resto de los Juegos.

Si los olímpicos, como a algunos les gusta decir, son uno de los escenarios más importantes del planeta, hubo mucha improvisación en él.

Esto tuvo un resultado comprensiblemente estremecedor, incluso más allá de las gradas sin espectadores. La narración fuertemente marcada de ganadores y perdedores ha alimentado la historia olímpica por generaciones, siendo sólo ocasionalmente interrumpida por erupciones y controversias. Pero en esta ocasión las historias parecían más sutiles y al mismo tiempo más disruptivas.

Eso quizá habla menos de los Juegos Olímpicos que de la época en que vivimos: una era confusa, compleja e intrincada que resiste soluciones sencillas y que al mismo tiempo está llena de personas que quieren imponerlas.

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Participación de Estados Unidos

Por ejemplo Estados Unidos, un participante clave de los Juegos Olímpicos que ha tendido hacia el pensamiento binario la mayor parte de su historia. Para los estadounidenses, a veces en su detrimento, las cosas suelen ser blanco o negro, sí o no, ganadores o perdedores. Suele haber una fuerte aversión para hablar de las tonalidades de gris.

La mayoría de los grandes medios estadounidenses siguen esa sensibilidad en su narrativa, especialmente cuando se trata de la marcada cobertura de los olímpicos, que a veces puede recordar una fábrica que aplasta héroes.

La expectativa para crear un héroe se reveló en esta perdurable frase del atleta estadounidense Isaiah Jewett, que levantó a Nijel Amos de Botsuana después de que ambos cayeron en las semifinales de 800 metros masculinos.

“En todo el anime de superhéroes que veo”, dijo Jewett. “sin importar lo enojado que estés, debes ser un héroe a fin de cuentas”.

Y por lo que hizo se convirtió en uno. Pero lo que dijo también refleja esa máxima estadounidense y olímpica de que los finales épicos representan los mejores y más memorables resultados. Así que cuando algo como estos olímpicos, y francamente esta época en general, surge como un rayo para la gente que se desprende de la narrativa binaria, las cosas se pueden volver confusas.

Como en NBC, donde seguramente los productores experimentados quizá se preguntaban esto: ¿Cómo desmantelar una arquitectura de medio siglo de historias deportivas en televisoras construida a partir de ganadores y perdedores y usar historias más sutiles de salud mental y temores por coronavirus que no necesariamente tienen resultados definitivos?

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Momiji Nishiya

El matiz no necesariamente equivale a niveles de audiencia. En general el sentimiento que prevalece se acerca más al de la patinadora japonesa Momiji Nishiya, de 13 años, quien dijo después de obtener el oro: “Quiero ser la famosa que todo mundo conoce”.

Si se revisa lo que se salió del guion en estos olímpicos también es justo ver lo que se hizo de acuerdo con el plan. Después de todo el éxito gerencial se mide no sólo por lo que pasa sino por lo que no pasa. E incluso en este valle de imprevisibilidad olímpica, vale la pena destacar que el guion resistió.

No hubo un brote mayor de COVID dentro de la burbuja olímpica, lo que era el mayor temor de los organizadores. De hecho, desde el 1 de julio, poco más de 400 casos de COVID relacionados con los juegos han sido documentados de entre decenas de miles de pruebas, incluso mientras el país declaró estados de emergencia cada vez más amplios para controlar los picos alarmantes en las cifras del virus.

La única erupción política, la deserción de la velocista bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya para buscar asilo en Viena, y Polonia, cuando se sintió amenazada, fue menos una desorganización y más un pensamiento oportuno de parte de las autoridades japonesas que intercedieron cuando las autoridades de la delegación olímpica bielorrusa intentaron llevarla apresuradamente a su país en avión.

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Salud mental

Y en la conversación sobre salud mental que emergió luego que Biles se retiró de la competencia olímpica, el COI no sólo lo toleró sino que alentó un mayor escrutinio sobre el asunto, en parte abriendo paso a que los atletas hablaran públicamente e hicieran que este tema intrincado y profundamente personal fuera una parte indeleble de Tokio 2020.

Para Tokio de mediados de 2021, quizá “Tokio 2020” fue, de hecho, el nombre perfecto. Porque estos fueron juegos, que si bien no siguieron el guion olímpico, siguieron perfectamente al 2020: miedo, enfermedad y sospecha por todas partes, montones de bolas curvas de béisbol, obstáculos inimaginables que superar.

Y al igual que la historia de 2020, un montón de cosas buenas que lograron brillar. Un final de Hollywood moderno, por decir así.

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